29 y 30 de octubre 2009
CENDEAC
Murcia
Yaiza Hernández
Directora adjunta del CENDEAC
Presentación
David Beech
Colectivo Freee
Me parece formidable el trabajo que hace el equipo de Beech. Utiliza el público como tema. Opera como Velázquez en Las Meninas colocando la atención fuera del cuadro. Los retratados son elementos de una historia cuyo personaje principal está frente a la imagen. La pieza no está acabada hasta que está colgada en la pared o en la pantalla. Es ahí cuando el espectador se reconoce como el público y se ve impelido por la obra a dialogar con ella sobre lo público.
Beech interviene en la realidad, utilizándola como escenario, mediante esloganes o mensajes, retratando la interacción que se produce entre el lugar público y el nuevo elemento. Ese retrato es la obra de arte. No el proceso de producción de la imagen. La réplica al mensaje sólo puede darse en la galería de arte, en la sala de exposiciones. No se trata de acciones o intervenciones que admitan respuesta en tiempo real. Más bien necesitan que el público las obvie durante su realización para poder retratarlas con claridad. El resultado es la combinación de una pulcritud publicitaria con la espontaneidad del encuadre de una fotografía turística.
Hay en su trabajo varias ideas interesantes. El planteamiento de diversas esferas públicas frente a una única esfera. La posibilidad de diferentes combinaciones en esferas públicas temporales. La búsqueda de un contrapúblico. La reivindicación positiva, subrayar aquello con lo que se está de acuerdo, aquello que se comparte. Y el desarrollo de su trabajo como campañas.
Tone Hansen
Curadora, crítica y artista
Muestra un recorrido sobre la expropiación de lo público. El paso de las empresas públicas a manos privadas. Lo que supone que los lugares públicos, como museos, hospitales, oficinas de correos, trenes, los servicios públicos en general, dejan de ser servicios público para ser privados. En la práctica un hospital será igual que un cine -¿veremos a los políticos inaugurando cines?-, y la calle será privada. Lo que noto a faltar es el análisis de esa situación, ¿eso es bueno o malo? ¿Y por qué? Personalmente pienso que la tierra es de todos por lo que no me gusta la idea de que la calle sea propiedad de una empresa privada que me deja usarla. Y prefiero que los servicios públicos sean propiedad del público. Que la gestión privada sea peor en sí misma que la pública, eso hay que demostrarlo, y probablemente no se trata de quién lo hará mejor sino de quién debe hacerlo en cada caso.
Hay dos asuntos colaterales que son la utilización de la cultura dentro del marketing político y como reclamo turístico. En el primer caso se trata de un uso no ético de fondos públicos, en el segundo, la ciudad puede degenerar en Disneylandia. La ciudad deja de ser un espacio público para ser un parque temático de pago en el que los ciudadanos son o trabajadores o turistas.
Jorge Luis Marzo
Comisario, escritor y profesor de la Elisava-Universitat Pompeu Fabra de Barcelona
Jorge hace una entusiasta y muy amena ponencia reivindicando el derecho del público ajeno al mundo del arte a rechazar el discurso artístico contemporáneo, a articular sus propios imaginarios y códigos. Como la conducta de visitante de museo. Y la doble moral que se crea como cuando se admite un desnudo en la sala de exposiciones pero no en la cocina. O se admite un desnudo pintado en el salón de casa pero no fotografiado. Jorge señala el desprecio hacia el arte contemporáneo como una respuesta activa no como una actitud pasiva, insiste en estar atento a la respuesta, que puede diferir de lo esperado y puede responder a distintos códigos.
Pienso que el arte contemporáneo no tiene porque ser comprensible por entero por todo el mundo pero si quiere ser más cercano, deberá poner más de su parte.
Jorge también insiste en la idea de privatización del espacio público, como había indicado Tone. Otra idea muy interesante es lo público como lugar de conflicto frente a lo privado como lugar de protección con conflictos a menor escala, controlados. También es significativo el espacio público como escenario y los otros como audiencia.
Simon Sheick
Curador y crítico
Simon recalca el concepto de pueblo, espacio, noción. Y la idea de esfera pública como parte de la nación. Esto entra en conflicto con la ponencia de T.J.Demos, la esfera pública como parte del estado. A elección, la etnia o la ciudadanía.
Creo que cuando habla de modelos de consumo como forma de participación social, en un utópico estado moderno sin diferencias, debería señalarse la posibilidad de que sean modelos de renuncia de derechos. No creo que esté pensando en la posibilidad de votar en la caja registradora, como posibilidad de rebeldía, que es la propuesta que hace J.G. Ballard (mal llamado escritor de ciencia ficción).
T.J. Demos
Crítico y profesor del Departamento de Historia del Arte de University College of London
Demos analiza el público en la globalización. En la renuncia de derechos cívicos tendente hacia un permanente estado de excepción. Y en la necesidad de recuperación de lo cívico, lo humano en última instancia, por encima de lo nacional, el estado-nación por encima de la nación. Es decir los derechos del ciudadano por encima de los derechos de la nacionalidad.
Demos reclama una Europa construida mediante estados-nación y no mediante nacionalidades. Pone en cuestión la ética de los nacionalismos. Parece señalar que la globalización prefiere los pequeños nacionalismos a la hipotética fuerza que pueda obtener una superestructura construida a partir de estados-naciones. Habría que analizar si lo transnacional opera mejor y con mayor impunidad cuanto más pequeñas sean las naciones y menor su capacidad de oposición a las practicas del capitalismo salvaje: explotación colonial, dumpig, comportamientos monopolísticos, sostenimiento de soberanías corruptas, precariedad laboral, incertidumbre...; o si a lo transnacional le da lo mismo estado que nación, grande o pequeño; o si eso debe interferir en la elección del nombre que cada comunidad le ponga al sitio en donde vive.
Así mismo señala la contradicción existente en la creación de una Europa basada en los derechos humanos y la negación de los mismos a los no-europeos.
Por último, pone un extraordinario ejemplo de arte comprometido, la 3ª Riwaq Biennale: A Geographic 50 Villages, situada en emplazamientos inaccesibles, es una aterradora ironía. No se puede visitar esos lugares porque no existe la libertad en ningún modo: ni derechos humanos básicos, ni desplazamiento libre, ni derecho de reunión, ni libertad de expresión, ni acceso a alimentación, sanidad o educación.
Demos afirma que el mundo tiende hacia un permanente estado de excepción similar al palestino.
Nuria Enguita
Curadora y asesora de la European Cultural Foundation
Nuria entiende el arte dentro de la vida. Señala que el diálogo político se ha situado en los museos. Y por otra parte la cultura está al servicio de la industria cultural (y ésta, de la política, añado yo ahora). Indica que las grandes corporaciones controlan el mercado, y también el discurso del arte en cuanto que éste es mercancía y afecta al mercado.
Existe un volumen muy importante de arte documental que a su vez genera o debe generar un aparato crítico. Mientras que el capitalismo genera su propio sistema de valores, Nuria desea un arte con poder suficiente para actuar sobre la sociedad. Esto frente a la utilización perversa de la imagen como medio de dominio cultural.
Los caminos para ese arte pueden ser nuevos marcos de exploración de lo común, lugares de experimentación, y producción de nuevos contextos.
Nuria reclama una esfera pública proletaria productora de experiencias de vida, no de mercancías. Le parece muy interesante la idea de David Beech de esfera pública temporal.
Puesto que todo es ficción, anima a construir la realidad (el relato, anoto yo ahora) de otra forma. Y a prestar atención sobre cómo se cuenta algo por encima de qué se cuenta.
Asume que todo está inmerso en el mercado, y en ese ámbito es el que hay que trabajar. Pone de relieve la gran pregunta ¿qué hacer frente al corporativismo (ya sea local, nacional o transnacional, anoto yo ahora) que manipula y utiliza arte y cultura? Estoy de acuerdo con Nuria con que ésta es la gran pregunta, y su respuesta es el cómo y el qué debe hacerse. Hagámoslo.
Hay que desarrollar otras formas de producción fuera de la institución. Teniendo en cuenta que para ella la estética relacional es un concepto inútil, huero. Prefiere la transversalidad. Conectar desde al arte con actores y recursos.
Por último, recalca la oportunidad del ejemplo de T.J. de la bienal en Palestina. Y denuncia la existencia de personas invisibles, sin estatuto jurídico.
En el turno de preguntas Jorge opina que sí son visibles, tanto que se acaba por no verlos. Lo que no anula la metáfora de Nuria, sino que la señala, indicando que no ha de hacerse una lectura literal.
Los errores de interpretación o transcripción, son míos.
Jesús Andrés.
Crítico y artista. Miembro del grupo de trabajo El/Lo público.



