El visionario DeLillo escribe sobre la realidad. Como ha sido en un pasado no muy lejano, como es ahora y como será en un futuro inmediato. Este último punto es el que desarrolla en este libro. Tras la caída de las Torres Gemelas predice como será la vida cotidiana. En esta novela de ficción nos pone en la situación de alguien que estuvo en una de las torres, que bajo de ella mientras se demoronaba, que la oyó caer a su espalda y cuya vida y la de todo su entorno cambió para siempre. Hay que conocer a fondo Nueva York para alcanzar ese grado de comprensión de aquella catástrofe. Y poder narrarlo. Si te pones delante de la Zona Cero, y cuentas, al frente hay cuatro edificios, al lado tres. En medio nada. En mi barrio faltarían unas veinte manzanas. Desaparecidas en lo que media entre el almuerzo y la merienda. Su Hiroshima. Allí fueron veinticinco edificios dañados, siete derribados y tres demolidos más tarde. En Nueva York, “Torres Gemelas” es una expresión tabú.
El hombre del salto es un libro fantástico. Con ecos de otros libros del autor. No creo que sea el mejor sino más bien un compendio de todos ellos. Está esculpido como The Body Artist, narrado como Cosmópolis, te inquieta como la puesta en escena -la coreografía- de Submundo y sugiere lo absurdo de las verdades absolutas como en Libra. Confronta casualidad y causalidad, azar y libertad. DeLillo, parece dirigirse al lector: “Tu te lo has buscado en cualquier caso”. Provocándolo pero dejando a su elección que siga viviendo igual, insistiendo en no cambiar nada, a pesar de que todo ha cambiado. Insistiendo en la misma liturgia. Cualquiera que sea su religión.
En el relato un artista callejero salta al vacío desde edificios o puentes en lugares públicos y queda colgando en el aire de una cuerda. Sin elásticos. Como una provocación. Tal vez quiera decir, “por favor no hagais como si no hubiera pasado nada”.
La edición americana de Falling Man es exquisita, sólo con la portada, la foto de Richard Drew de un hombre cayendo de las Torres, sabes que vas a leer el fracaso de la historia (que no es lo mismo que el fin). La versión española de El hombre del salto, tiene un título y una portada, que parece que sea una novela rosa de esperanzas. Demoledor en cualquier caso. Don DeLillo es ahora mi favorito.
“Ya no era una calle sino un mundo, un tiempo y un espacio de ceniza cayendo y casi noche”.
Octubre, 2007.
jueves 15 de mayo de 2008
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