“El cielo sobre el puerto tenia el color de una pantalla de televisión sintonizada en un canal muerto“. Si escribes en Google: “pintura”, aparecen 31.600.000 resultados. Si escribes: “cultura y simulacro”, solamente muestra 815.000 resultados.
Al otro lado de la mesa, enfrente de mi conversan dos personas. Lo observo como si estuviera en primera fila del teatro. Pero no es una representación. Está sucediendo. Estamos sentados en una larga mesa. Una cena. Yo veo un fragmento. Un encuadre. Lo memorizo y el relato empieza en mi cabeza. La narración. Intervengo en la conversación. Alfonso, el pintor, y Jesús, el escultor, hablan de libros. “¿Qué dices que lees?” Ahora no recuerdo el título. “Inauguro mi exposición en noviembre. Había pensado en pedirle a Ernesto que me escribiera un texto, o hacerlo yo. Creo que voy a seleccionar unas frases del libro del que hablábamos. Pero no lo veo claro”. “No conozco tus cuadros. ¿Qué es lo que pintas”. Alfonso está pintando, creando, realidades virtuales. Lo que se ve en un monitor. Su pintura es la representación de la representación. Segunda vida, azar y guerra. Todo ello con un grueso barniz, que emula un cristal que te aleja aún más de la realidad pictórica, llevándote hacia dentro del relato. Inevitablemente le recomiendo La noche del oráculo, La música del azar, y William Gibson. Y además cambio de idea. Pensaba ver sus cuadros hoy. Sábado. No, mejor. “Alfonso, envíame un correo electrónico de diez líneas contándome tus cuadros. Y yo te contesto lo que me parecen sin verlos. A partir del relato del relato”. Seguimos hablando. “Creo, que no deberías hacer un texto en paralelo a tu obra, sobre la superficie. Sino hacia dentro. Como muñecas rusas. Como un menú encadenado. Como una interfaz”. ¿Desea continuar? ¿Desea continuar? ¿Desea continuar? Choose new life. Metarrelato. Casi todos los libros que leo, tratan de este asunto. Hay uno que transcribe decenas de correos electrónicos, pues esa es, fundamentalmente, la manera de comunicarse en la novela, en sus vidas. En La noche del oráculo, el personaje vive, narra y escribe su historia simultáneamente. En La música del azar, otro personaje se juega su voluntad y la pierde. En un relato ciberpunk, te despiertas y puedes elegir una nueva vida. Intento salir del relato. Salir. Salir. Salir. Alfonso no va a hacer catálogo de su exposición. No tiene presupuesto. Le sugerí, la semana pasada en otra exposición, hacer un punto de libro con un brevísimo texto. Ayer, viernes, en la cena, después de otra exposición, le propuse que imprima un texto en gran formato y lo coloque en la pared. Pero no eso. Es tan obvio que me avergüenzo de no haberlo pensado antes. Alfonso, tu texto debe ser leído en un monitor. Lleva un ordenador a la exposición y deja que el texto se lea en la pantalla. No. Sigue hacia dentro y pinta el ordenador en el que se lee el texto. ¿Desea continuar? Si el medio es el mensaje, no olviden que lo van a ver en la exposición de Alfonso Marsá, es pintura. ¿Desea continuar? Entonces tome la pastilla roja y entre en la madriguera del conejo. ¿Desea continuar?
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Alfonso Marsá.
Sporting Club Russafa.
Valencia.
Inauguración 30 de noviembre 2007.
jueves 15 de mayo de 2008
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