jueves 15 de mayo de 2008

Don’t stop erotic cabaret (even the 3th war is coming)

Hace muchos años mi madre me contó que cuando ella empezaba a dar clases, en aquella España de finales de los cincuenta, un inspector de enseñanza le dijo que las maestras jóvenes no debían trabajar en pueblos pequeños, porque se empobrecían, se embrutecían y se emputecían. Ahora, medio siglo después, incluso en ciudades no tan pequeñas, los talentos jóvenes están frente al mismo peligro. Si para leer alemán, hay que saber alemán, para leer pintura contemporánea, hay que saber pintura contemporánea. Y si el receptor desconoce el idioma, ya puede el emisor escribir excelentes obras que quedarán en el vacío, la incomprensión y el desamparo. Sobre todo cuando el idioma se reinventa cada día. Es en ese lugar, el de la reinvención, el collage, la fragmentación, la apropiación, la metautoría, características típicas de la posmodernidad, en el lugar que hay que colocar los cuadros de Sara Sanz para comprenderlos. Ella conoce bien los últimos experimentos de Oehlen o la utilización de iconos que hace Sonnenschein. Y hace un uso pictórico del lenguaje digital, cinematográfico o publicitario. Y si en sus obras reconocemos elementos, no es a nivel figurativo sino icónico. Tal y como se reconocen en una señal de tráfico, en un videojuego, o en una anuncio. Sin un conocimiento sólido de las últimas tendencias es inútil acercarse a los cuadros de esta pintora. El error más corriente será calificarlos de frívolos. Cuando tratar de hacer el mundo más amable, pintando bombas de color rosa, está afirmando la estupidez de la sociedad actual, y además Sara, solícita, insiste en que no por ello hay que dejar de sonreír, de decir por favor, de decir gracias. O lo que es lo mismo, de tratar de no empobrecerse, no embrutecerse y no emputecerse. Intelectualmente, para empezar. Ésta complejidad de contenido va unida a una destreza de dicción, que mezcla brochazos, aerosol, transferencias o textos, junto con un exquisito equilibrio de color, dando como resultado obras visualmente muy frescas y dinámicas. Bien podría ser la inquieta Sara, un multifacético personaje de una novela de Durrell, Lawrence, claro.