Los cuadros de Horacio Silva me traen a la memoria los trepidantes ochenta con Ceseepe, El Hortelano, Ferrrán García Sevilla… Son obras frescas, sugestivas, pletóricas de vida. Predominan los azules con toques dorados con el contrapunto de algún cuadro en rojo inglés claro. Los soportes son papeles y lienzos de gran formato. Sobre ellos encontramos pegados recortes de cartón y otros materiales. Un acabado espeso, denso, de pincelada pastosa recubre las piezas. Cabezas con las manos junto a ellas son las escenas más repetidas. Sugieren pensamiento y manufactura. La creación como un trabajo simultáneamente mental y manual. Otros personajes aparecen sólo señalados con sus pies como seres incorpóreos carentes de físico, quizás dioses. Diversos elementos como plantas, escaleras, y casas se reiteran en los cuadros. Tanto los personajes clásicos como Ulises, o los lirios, a pesar de que parecen mezclar mitologías, ocurren en un ambiente mediterráneo, occidental. Y todos ellos flotan en un espacio adimensional que pudiera ser la representación o interpretación de los sueños del artista. La insistente figura de una casa dibujada como una estructura que tiene la perspectiva rota, devuelve a la bidimensionalidad de la pintura lo que fácilmente interpretaríamos como una representación en un eje de tres coordenadas.
Galería de anónimos.
Horacio Silva.
Palau de la Música.
Valencia.
14 de noviembre a 14 de enero de 2008.
jueves 15 de mayo de 2008
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