Me gusta escribir sobre lo cotidiano. Hoy he ido a la peluquería. El espacio de Joan Santamaría no es lo que uno acostumbra a ver cuando se corta el pelo. Dentro, junto a los espejos y las sillas hay una exposición. No es la primera que veo allí. Otras veces he entrado, cuando iba al supermercado, sólo para ver la muestra. Esta vez entré y fui directo a ver las piezas, por eso Joan me preguntó “¿tienes hora?”, no sólo por saber si tenía cita en la peluquería sino por saber ha que había ido esta vez. Tenía hora. Pero vi la muestra antes y después de la ITV cabellera. Las obras de este artista sin nombre recuerdan el mundo de Isidro Ferrer. A esa extraña capacidad que tiene algunos de ver cosas que nadie ve. A asociar ideas a objetos. A construir una poética visual a partir de cuatro trastos encontrados en un contenedor. Un tenedor es un caracol a poco le enrolles el mango y dobles dos puntas hacia arriba y dos hacia abajo. Una ramita de pino es un ala de pato que aparece entero si se une debidamente a un alambre oxidado. Un libro es una cara si se recorta convenientemente. Este mundo mágico está en el escaparate de Joan. Que insiste, a pesar de son muchos los que no ven, en que hay otra manera de mirar. Y aparta los expositores para la venta, para colocar los objetos encontrados del Sr. Sin Nombre. Ninguna galería mejor que ésta para pensar en ello. No soy capaz de decir quién tiene más mérito, si Joan mostrándolos a contracorriente o X creándolos de la nada.
Guiños-Engaños.
Joan Santamaría.
Valencia.
Del 20 de octubre al 10 de diciembre 2007.
jueves 15 de mayo de 2008
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