El rechazo a la creación de vanguardia viene dado por la falta de preparación para comprenderla. Cualquiera que sea su soporte: papel o vídeo. Que la sociedad acepte y use la tecnología contemporánea no quiere decir que esté preparada para aceptar y usar literatura de su tiempo. Los que se quedaron en Picasso, que ya era conocido antes de cerrar el XIX, no intentarán leer Mantra de Rodrigo Fresán y si leen jPod no percibirán el excelente retrato de la sociedad de consumo que realiza Douglas Coupland –imprescindible ver las ediciones originales, son la mitad de su éxito-, como tampoco apreciarán la película Babel.
Mucho me temo que no baste con saber leer para entender literatura de vanguardia, como no basta con mirar arte contemporáneo para comprenderlo. Ni tampoco cualquiera está capacitado para innovar, por mucha intención artística que le ponga, diga lo que diga Beuys. Su “cualquier hombre es un artista” es ininteligible para la mayoría. En cuanto a la creación, cinco minutos de imágenes filmadas, realizadas con el último invento, pueden ser totalmente clásicas. O a menudo inaguantables. Eso sí, en alta definición. Llenar cinco cuartillas es más difícil. No se escriben solas apretando un botón. Que además sean capaces de transmutar (¡!) lo efímero de su tiempo en eterno, es tan complicado como elogiable.
Mientras las videocámaras ocupan su lugar en el museo, dentro de la vitrina y vigilando -la cámara antigua vigilará a la más moderna que desde su nacimiento yacerá en el museo-, el guardia de seguridad sigue llenando su crucigrama con un lápiz. Y alterna su entretenimiento con la lectura de un libro. Ya se que pronto sustituirá ambas cosas por un gadget, pero ambos son inventos perfectos y perdurarán sobre nuevas generaciones de aparatos. Escribir incorporando esas mutaciones y convivencias, conscientemente de que el progreso no siempre significa progreso, creo que es el mérito de esta generación de narradores. Cuando los lectores de libros electrónicos sean de uso común, habrá que buscar esta generación en el modo avanzado.
Ah! La querella…
Nota del autor:
Este texto está suscitado por la lectura de la ponencia de Vicente Luis Mora en las jornadas Mutaciones. Tendencias y efectivos de la narrativa contemporánea, celebradas en Málaga, en mayo 2008, y publicada más tarde por él mismo en su blog.
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